LA SOMBRA.. (mi invisible gemelo)

Una inefable presencia familiar acompaña nuestro viaje caleidoscópico entre el prisma de la luz y la oscuridad, nuestra querida sombra.

Iniciemos este viaje con una pregunta mental, un planteamiento muy estilo de C.Jung ó de S.Freud, que precisamente denominaban a nuestra querida compañera de viaje, como el albergue de lo reprimido, silenciado o incluso de la verdad.. Aunque introspectivamente prefería una pregunta más desnuda, más emocional, de las que hacen temblar, sudar, de esas que te agarran y ensucian, de las que te quemas y juegas el alma. Y si, realmente en el fondo esta es una de ellas.

¿Realmente somos nosotros los que poseemos una sombra o acaso es la sombra la que nos posee a nosotros?..

Desde temprana edad me fecundó la famosa frase  -negra sombra que me asombras- del  célebre poema de nuestra representante y estandarte de la cultura Galega, Rosalía de Castro. No en el contexto original y literal que representa todo el poema, sino tan sólo esta grandiosa frase. Aunque el poema en sí, refleja una evocación al dolor, a los sentimientos personales y espirituales del tránsito por esta dimensión llamada existencia, donde personalmente me quito el sombrero.

Extrayendo esa célebre frase y redirigiéndola aún ámbito personal, reconozco en ella el tatuaje gráfico que se transfirió a mi aura corporal, energética, emocional y sobre todo mental, o si bien cabe decir, a mí sombra de las grandes batallas, que sucesivamente me confronta a un inexcusable encuentro, un duelo al alba, de aquellos que –no escapas de mí, sino de ti– así que por tanto los diaparos suelen ser certeros, a fuego real. Un ineludible cara a cara, donde cada cual alcanza la verdad que es capaz de soportar, ya que decirse la verdad a uno mismo siempre es agrio y doloroso, pero en el fondo libera, aligera, y además decir la verdad siempre es más fácil de recordar.

Uno no se ilumina imaginando figuras de luz y revoloteando entre los ambientes blanquitos sin desgarrarse las vestiduras, sino haciéndose consciente y cargo de su propia oscuridad, una ardua batalla, tediosa, ingrata, vulnerable a sus propios demonios. Un digno pulso a nuestro aplomo de mesura y ecuanimidad en el que nos enrocamos firmemente para no mostrar nuestra temible suciedad que nos mancha, o quizás nuestra vulnerabilidad, nuestra frialdad, nuestro amor, nuestra fuerza, o incluso cada cierto tiempo un salto al vacío para poner a prueba nuestra fe. Esto de quedarse comodamente en el paraíso, al final acaba uno mintiéndose.

-Negra sombra que me asombras- Toda luz tiene su sombra. Entre otros de los muchos desgastes que ejerce el ser humano durante su tránsito por esta dimensión (existencia), suele ser en cierta forma, la búsqueda continua e incesante del significado Aceptación, o de validación exterior.

Preferiblemente en este propósito hemos gastado muchos años y energía en hallar la aceptación exterior. ¿Y en la interior ?…de oscuridades y sombras. ¿Cuándo nos sentamos a hablar con nuestra sombra?.

Todos poseemos un mago dentro, un alquimista ¿cómo puedo transmutar o transcender mi sombra en las noches oscuras del alma?. Me temo que no quedan muchos caminos o alternativas , sino es principalmente por amor.

En estas duras batallas y a su vez grandiosos duelos al alba, siempre me vienen al presente aquellas certeras y mágicas palabras del retorcido sabio, cachondo mental  A.Jodorowsky.

Si no eres tú, ¿quién? 

Si no es así, ¿cómo?..¿De qué manera?..

Y, si no es aquí?..¿Dónde?…¿Cuándo?..¿En qué lugar?…

Toda luz tiene su sombra, un territorio de tinieblas donde habita lo que deseamos de verdad; como todo territorio inexplorado, las sombras esconden tesoros, pero por mucho oro que haya en ellas no dejan de ser sombras, llenas de oscuridad, de inquinas, de incertidumbres. Es la luz la que nos deslumbra, la que ilumina el camino por el que transitamos, pero son las sombras las que nos definen; es allí, donde no llega la luz, donde reside el alma, lo que queremos, lo que perseguimos, lo que escondemos, lo que somos de verdad. (Fernando J. Múñez).

Una forma de amar es aceptar la imperfección. El amor es una de las pocas cosas que nos puede sacudir para volvernos a la realidad.

 ¿Y qué es real ?..Una excelente pregunta que uno debe tener presente en cada suspiro de su existencia, incluso de su propia sombra; nuestro invisible gemelo.